Fantasmadas y petardadas

Fantasmadas y petardadas

En el volumen de remakes de Hollywood sobre clásicos que triunfaron en su día –algunos totalmente prescindibles, como el que están preparando de Ben-Hur–, ha llegado el capítulo dedicado a uno de los fenómenos más queridos de los ochenta: los cazafantasmas.

Para esta nueva versión del siglo XXI se quiso dar una vuelta de tuerca a la historia original, y con la inercia otorgada por los aires feministas de una sociedad en la que cada vez más se aspira a buscar la equidad entre hombres y mujeres, se ha decidido que en esta ocasión las protagonistas fuesen ellas.

No era un mal punto de partida, en principio. Puestos a rescatar una cinta clásica que estaba perfecta como está, lo interesante era intentar aportar algo nuevo que justificara volver a contar esta historia. Sin embargo, a pesar de la infinidad de posibilidades argumentales que planteaba este nuevo enfoque, más allá del cambio de sexo, la apuesta y el riesgo han sido nulos.

El elenco principal cuenta con un buen casting –Melissa McCarthy y Kirsten Wiig son dos comediantes muy conocidas por el gran público–, pero el guion no está a la altura. Unos vistosos e impresionantes espectros espumosos que son el orgullo de la técnica actual contrastan con unos diálogos salpicados de topicazos en los que el humor roza poco más que la tontería: psicofonías con ventosidades, gags basados en teléfonos escacharrados –como cuando Chris Hemsworth, reducido a chico objeto y mascota de la pandilla, confunde “centro de cálculos” con “centro de caraculos” (en serio, ¿todavía se usa esa palabra?)–, y cuando no queden más ideas, siempre estará la baza de McCarthy luchando cuerpo a cuerpo contra “algo” al tiempo que sus lorzas al viento se convierten en su mayor recurso cómico. En definitiva, una petardada.

Que nadie me malinterprete. ¿Desde cuándo lo petardo tiene que ser “malo”? A mí me encanta la petardez, de hecho la adoro. Pero siempre que haya una intención detrás. La petardez de “Planet Terror” de Robert Rodríguez raya la perfección y en mi opinión es otra forma de hacer comedia, si se me permite decirlo. Pero si nos encontramos ante el regreso de Cazafantasmas, me temo que esperamos algo más.

De hecho, me atrevo a decir que esta sensación de producto prefabricado e inmediato, listo para consumir, es debido a que su lenguaje es más propio de la televisión: la forma lineal en la que se conocen las protagonistas, como se van uniendo paulatinamente al grupo; el hecho de presentar al villano desde el principio y desvelar sus planes paso a paso, o incluso la condescendencia con la que tratan a su secretario (Hemsworth) con cada metedura de pata, al igual que el binomio Carl Winslow-Steve Urkel al final de cada capítulo en “Family Matters”, hacen pensar que nos encontramos más ante una serie de televisión que ante un “blockbuster”.

Aún con todo, el conjunto final –banda sonora, escenografía y efectos especiales– logra conservar parte del espíritu de las primeras películas. Es más,  quizá algún viejo conocido de la franquicia  se deje caer para asegurarse de que así sea.  Pero está claro que un aprobado justito no cumple con las expectativas de un público fan que, dejando a un lado la injusta crítica machista a McCarthy y a sus chicas, denuncia la falta de originalidad de un Hollywood acomodado que, como dijo el gran Homer Simpson, pretendió vendernos “algo que ya existía añadiéndole un relojito”. Buena suerte, Ben-Hur.

2 comentarios en «Fantasmadas y petardadas»

  1. En parte se veía venir, pero tu crítica no deja lugar a dudas de lo innecesario que era hacer este reboot. Más allá de la enorme polémica que ha habido con esta película, la verdad es que ya desde el trailer se podía atisbar que esta Cazafantasmas adaptada a nuestra época, con un humor más escatológico y tontorrón que el irónico y puramente verbal de las dos primeras, lo iba a tener crudo para triunfar. Y eso que reconozco que tanto Kristen Wiig como Melissa McCarthy son unas cómicas estupendas (especialmente la primera), pero ni siquiera ellas pueden levantar lo que no se puede levantar, que es el imbatible recuerdo de las dos icónicas películas ochenteras.

    Y es la fiebre de hacer remakes a diestro y siniestro, ya sea atreviéndose insensatamente con obras maestras de la historia del cine como “Ben-Hur”, o ya rizando el rizo, haciendo un remake de un remake, y en este caso parece que con la última y “rompedora” moda de sustituir todo un reparto masculino… por todo un reparto femenino. Verbigracia, la próxima “Ocean’s Eleven”, que contará, imagino, la misma historia de ladrones elegantes y estilosos robando casinos inexpugnables en Las Vegas. Solo que con mujeres, eso sí. Para deprimirse un poco, la verdad.

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