Objetivo: “Chorravisión”

En “Chorraspaña” hoy están muy contentos. Es la noche en la que eligen a su representante para el festival internacional de la canción, “Chorravisión”. Este certamen comenzó con los países vecinos del continente de “Euchorra”, pero con las décadas, y debido a su espíritu globalizador, a la competición se fueron uniendo países del este. Ahora bien, los organizadores del evento redefinieron los límites de lo que el resto de los mortales entendemos por este de “Euchorra”, incluyendo países que, incluso, tenían más que ver con “Chorrasia”. ¡Hasta “Chorraustralia”, que tiene distinto huso horario, participó en la última edición! ¿Qué más da que hasta el nombre pierda el sentido si con ello se consigue aglutinar países de tres continentes distintos? ¡Al cuerno la esencia! Lo importante es la audiencia. Y si el año que viene nos enteramos de que en “Chinorra” nos ven diez millones de personas, por supuesto habría que invitarles. Eso sí, el nombre se queda como está. Para eso es “Chorravisión”.

Y claro, con tanto país invitado, la duración del festival se prolongó de una a tres noches. Viendo inviable que alrededor de cincuenta países –a la hora de invitar se les va la mano- pudieran cantar en una única velada, los señores de “Chorravisión” idearon un sistema de semifinales para reducir el número de finalistas a la mitad. Por tanto, la otra mitad de países se quedarían fuera de la gran final, ¿dónde está el ánimo integrador ahora?

A todo esto, hubo un visionario que pensó que habría que dejar fuera de esta injusta pero necesaria criba a los países del centro y sur de “Euchorra”: “Reino Chorrunido”, “Franchorra”, “Chorrania”, “Italchorra” y “Chorraspaña”. Se les adjudicó el apodo de “los Big Chorrifive” y, a cambio de una aportación económica de chorra, tendrían el pase directo a la final y al “chorripremio”. Esta chorrada sólo sirvió para causar animadversión entre el resto de los países hacia “los Big Chorrifive”, por considerar injusta su clasificación directa previo pago. Recordemos que el espíritu de “Chorravisión” es la integración y la igualdad entre las diferentes culturas.

Y para que la chorrada no decaiga, a los señores de “Chorravisión” se les ocurrió que un jurado internacional participara en la elección del representante de “Chorraspaña”. Con el ánimo de seguir alimentando la unión internacional, el resto de “chorrifives” ayudaría a su compañero a escoger entre los seis candidatos que tenía preparados “Chorravisión Española” para ese año.

Los “chorrifans” estaban expectantes en sus casas por ver las actuaciones de los aspirantes. Sin embargo, la gala de selección comenzó con un “playback” de los seis artistas ¿Qué es esto? ¿Chorravisión” no es música en directo? Tras esta contrariedad momentánea, la presentadora, una veterana en este tipo de especiales, saludó a los miembros del jurado. Uno de ellos, la sueca “Chorreen”, era la ganadora de la edición de 2012 del festival, quien miraba entre confundida y contrariada lo que ocurría en el escenario. Aparte andaba con malos humos porque minutos antes le habían obligado a cantar en falso directo “¿What the f..ck?”

Comenzó la ronda de actuaciones, y con ella, la sensación de que la gala había caído bajo la responsabilidad de los becarios: al principio los coros tapaban a los propios cantantes; al arreglarlo, se les dejó de oír; la cámara temblaba al hacer “zoom” como si la grúa se tratara de un flexo inestable de escritorio al que le fallan las articulaciones; la falta de virtuosismo con el sonido llegó a fastidiarle la actuación a una de las candidatas al no entrar al principio de la canción… por no hablar de la falta de tablas en el escenario de algunos de los cantantes, que fueron devorados por los nervios como auténticos novatos. ¿Si se ponen así frente a papá y mamá, que pasará cuando tengan que enfrentarse a casi doscientos millones de espectadores?

Toda esta hecatombe fue aderezada con las insípidas valoraciones del jurado, sacadas del manual de juez –“eres un gran artista”, “tienes mucho talento”- y muy poco arriesgadas. Bueno, eso cuando no les interrumpían los propios concursantes, eufóricos por “haberlo dado todo” -¿en serio?- en el escenario. Pero para euforia, la de la sueca, que fue interrumpida hasta por la presentadora, a la cual, dedicó una mirada insidiosa del tipo “no me interrumpas cuando valoro, ¿vale? ¡Qué falta de educación la de estos “chorraspañoles”!” Este segundo cabreo dejaba claro que la cosa no fluía con ella, y al igual que una colegiala cruzada de brazos, se abstuvo de intervenir más en toda la noche.

A medida que se acercaba el final de las votaciones, los dos corrillos a los que la producción de la gala tuvo el valor de llamar “público” se enardecían en las gradas, ataviados con banderas y panderetas, haciendo más patente la ausencia de una verdadera afición que alimentara la noche con la pasión que requería el momento. En el “backstage” improvisado con las mesas de la cafetería de “Chorravisión Española”, los familiares de los artistas esperaban una más que previsible resolución final con cara de resignación, mientras la encargada de las redes sociales se enorgullecía anunciando que eran “topic mundial”, ya que “trending” no se oyó en los hogares debido a otro fallo de sonido. De vuelta en plató, la presentadora pedía a los seis compañeros de lucha un último alegato. La autocensura impuesta por el grado de afinidad y la supuesta amistad forjada entre ellos durante poco más de ¿3? semanas de promoción les limitó a defenderse con argumentos que rayaban la desgana y espantaban a la originalidad. El idioma fue el único punto de conflicto, y una risa pudorosa puso de manifiesto que no querían discutir entre ellos, aunque en su interior se murieran de ganas por escuchar su nombre de boca de la presentadora.

Tras veinte pases –en un lapso de dos horas- del vídeo que recordaba las actuaciones en “playback” de los concursantes y su número de teléfono asociado, se cerraron por fin las líneas. La conductora de la gala, que conoció noches mejores desempeñando esta misma labor, llegó a espetar al notario “que hubiera votado por su favorito”, a lo que el notario le recordó que como supervisor de los votos no podía involucrarse en el proceso. Tras este “diálogo de besugos”, se reveló el resultado: los “chorrifive” intentaron boicotear a “Chorraspaña” votando por un candidato que con toda seguridad no sería visible en el festival, ya que cantaba en español; “Choreen” volvió a cabrearse por enésima vez con la realización de “Chorravisión Española” por adelantar sus puntos en el gráfico antes de que ella dijera unas palabras de apoyo, y finalmente la audiencia concedió la victoria a una chica cuyo mayor logro de la noche fue cantar en inglés.

Así concluyó una cita en la que los “chorrifans” se quedaron con la sensación de haber elegido entre el menor de seis males, aunque con un cierto regusto a esperanza si se conseguía refinar canción y artista en los meses que restaban hasta mayo. Por otro lado, las redes sociales, un año más, dedicaron sus mejores “lindezas” a “Chorravisión Española” por el “éxito” en la organización de la gala, mientras que el ente público, también un año más, hizo caso omiso en su mundo de fantasía al tiempo que maquinaba una estratagema para obligar a la ganadora a meter un fragmento de español en la canción. No lejos de allí, la sueca “Chorreen” huía con la “euforia” que aún le quedaba en un vuelo nocturno directo a “Chorralandia”, el lugar del que proceden los ganadores del festival, de donde nunca tendría que haber salido ¡Larga vida a “Chorravisión”!

4 comentarios en «Objetivo: “Chorravisión”»

  1. Toda la razón…TVE ya nos tiene acostumbrados por desgracia a galas mediocres bajo el nombre de “Objetivo Eurovisión”, “Misión Eurovisión” o similar, donde se da al público (al 40%) la opción de elegir a nuestro representante…pero la de este año, ha sido francamente lamentable….se debería haber llamado “Objetivo Chorravisión”.
    Casi prefiero la elección directa como sucedió el año pasado y que nos ahorren la vergüenza…
    Muy buena entrada y un resumen perfecto para quien no vio la gala.
    Lo único bueno de todo aquello fue que salió “victoriosa” (que no “Victorious”) Barei. Le deseo suerte en ESC2016. A ver si el 14 de mayo puedo decir eso de: “pase lo que pase, ya me puedo morir tranquilo habiendo visto a mi país organizar el festival”; aunque teniendo en cuenta que lo organizaría RTVE, casi que prefiero que gane….eeehhhh…esto…Australia, ¿por qué no? eso! Australia! (larga vida a Chorravisión)

  2. Un artículo muy chorropédico, jajaja. Bravo por ese humor ácido. Espero que se lo curren mejor para futuras galas, pero tratándose de Chorravisión Española… lo dudo. Y lo lamento por los fans de todo esto.

    1. Fans entre los que me encuentro. Y realmente, si veo cada año el festival es por la magnífica labor de realización y producción de la que hacen gala los países anfitriones. Todos echan el resto con macroescenarios inundados de luz y color -no es para menos porque la pasada edición la vieron 197 millones de espectadores-, y me echo a temblar de pensar que eso lo tuviéramos que hacer en España después de ver lo que hacen los técnicos de sonido de “Chorravisión Española” XD. Salomé, ganadora por España después de Masiel, ha declarado en una entrevista reciente que sólo cuando TVE decida que quiera ganar el festival, entonces lo ganará. ¿Será este año?

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