Buscaban un spin-off “cuqui” y lo han  conseguido

Buscaban un spin-off “cuqui” y lo han conseguido

13 años después de encontrar a Nemo, los creadores de Disney Pixar han decidido dar vida a una continuación de la historia centrada esta vez en su potente secundaria: el adorable pez cirujano regal Dory. Y es que el cómico personaje, lejos de pasar desapercibido, les arrebató el  corazón a grandes y pequeños. No es para menos, ya que tanto en su versión original como en la doblada al español, las responsables de darle alma son dos grandes “titanas” del humor: Ellen Degeneres (en USA) y Anabel Alonso (en España).

En el caso del público español, es tan inherente la impronta que confiere Anabel al famoso pez de color azul índigo, que cuando se publicaron los primeros trailers de “Buscando a Dory” con la voz de otra actriz de doblaje, saltaron todas las alarmas y los acérrimos seguidores de la película llenaron las redes sociales con peticiones y quejas reclamando que Dory sin Anabel no era Dory. Por su parte, Disney se apresuró a apagar todos esos fuegos informando que por supuesto contarían con la humorista y actriz vasca para el metraje original y que era habitual contar con voces similares pero no definitivas para los teasers promocionales.

Y el gigante estadounidense en su versión ibérica cumplió. De la mano de Anabel, Dory ha vuelto a la gran pantalla acaparando el protagonismo −con el permiso del mismísimo Nemo− para ofrecernos una aventura familiar con mucha acción y una dosis extra de ternura.

Lejos de ser una continuación de relleno centrada en alargar el fenómeno “Nemo” en taquilla, la historia intenta dar respuesta a muchos interrogantes de la primera entrega y, de entre ellos, el más importante: ¿de dónde salió Dory?

¿Qué hacía ella cuando se encontró con Marlin? ¿Cuál es su hogar? ¿Tenía familia? Lamentablemente no lo recordaba… hasta ahora. Un año después del “secuestro” y rescate del pez payaso más famoso del cine, Dory iniciará de nuevo un viaje al otro lado del océano para regresar a casa y reencontrarse con sus padres. En un universo marino en el que puede verse reflejada la sociedad moderna occidental, siempre con prisas y con una patente falta de empatía ante los que son diferentes, nuestra heroína tendrá que armarse de paciencia y confiar en encontrar a algún alma caritativa que se preste a ayudarle en su empresa. Siempre bajo la atenta custodia de su otra familia, Marlin y Nemo.

Un producto Disney fresquito para este verano –para nada un refrito– en el que Andrew Staton repite como director y que cuenta con la incorporación de nuevos personajes al elenco marino, entre los que destacan el pulpo Hank, un “septópodo” con fobia a los niños obsesionado con vivir en las comodidades de un acuario, lejos del mar, y Bailey, un espécimen macho de ballena beluga incapaz de utilizar su capacidad de ecolocalización. Ambos son encarnados por Ed O’Neill y Ty Burrell, respectivamente, actores muy populares en estos momentos por su participación en la exitosa serie “Modern Family”.

Dory ya ha triunfado en la taquilla estadounidense, convirtiéndose en el mejor estreno de una película de animación, y en España va camino también de batir records en su primer fin de semana. Y eso que la audiencia que la conoció de niño ahora se encuentra en plena adultez.

Esperemos que la popularidad del personaje se quede en la pantalla del cine y no provoque un diezmo de la población de los peces cirujano al igual que pasó con el pez payaso, cuyo número se vio reducido ante la moda de cazarlos para tener en casa el “pececito” que salía en la película. Personalmente, me quedo con la Dory “niña” de ojitos saltones y voz angelical hecha por ordenador. Una verdadera cucada.

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