Esto es Eurovisión… aunque nos pese

Esto es Eurovisión… aunque nos pese

Hace apenas una semana asistimos una vez más a la debacle protagonizada por España en el Festival de Eurovisión. A pesar de llevar una canción en inglés, a pesar de la total libertad que ha dejado TVE este año al equipo de la representante para preparar su candidatura e incluso a pesar de que las casas de apuestas catapultaron a Barei al tercer puesto después de su actuación, finalmente la cantante madrileña fue relegada al puesto 22 de la lista. El top 5 empezado por el final, si se quiere ver así.

La triunfadora de la noche fue la cantante Jamala con su canción, “1944”, la cual, explicaba la historia que le contó su abuela cuando era niña sobre la deportación de los tártaros de Crimea a causa de la presión ejercida por Stalin. Una pieza musical muy potente a nivel vocal que, sin embargo, no consiguió convencer a gran parte de la audiencia española. En una noche en la que Rusia y Australia se postulaban como favoritas para ganar el certamen, la sorprendente victoria de Ucrania al final de la gala –gracias al nuevo sistema de votación que le da más vidilla– indignó a las redes sociales, que no tardaron en llenarse de “memes” y mensajes protesta cuestionando la valía de la canción.

Paradójicamente, el triunfo se lo otorgó el apoyo de la audiencia del festival a través del televoto, ya que de haber sido por el jurado profesional, la victoria se la habría llevado Australia. Y eso que se trata del segundo año que participa. Pero lo único que podría llevarse Dami In, la representante australiana, sería el trofeo en forma de micrófono de cristal. Por norma, Australia debería elegir un país europeo en caso de resultar ganador y correr con la mitad de los gastos de realización. Así que los que se imaginan viendo Eurovisión con el café del desayuno pueden descansar tranquilos.

Las claves que explican nuestro Eurodrama

En 2002, más de 14 millones de espectadores en nuestro país asistieron a la decepción colectiva de Rosa de España, ganadora del fenómeno televisivo Operación Triunfo, que quedó sexta en Eurovisión. Quién le iba a decir a Rosa que ese sinsabor por no ganar el festival para sus fans incondicionales, con los años, se convertiría en una de nuestras mejores posiciones de la década. No tenemos más que mirar el ranking de los últimos 15 años:

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A la vista de la tabla, cabría preguntarse si el hecho de pasar directamente a la final como miembro de los Big Five no supone un handicap. Elaboración propia. Fuente: Wikipedia.

¿Por qué España no levanta cabeza en lo que respecta al festival? ¿Qué ha ocurrido este año para que se pinchara una apuesta que parecía más segura que las demás?

En primer lugar, hay que decir que si bien es cierto que nuestras candidaturas han evolucionado y este año nos habíamos atrevido a ir más allá incorporando elementos innovadores (para nosotros, claro) como es el inglés, el festival también se mueve para evolucionar. Y este año no sólo ha sorprendido el espectacular escenario del Globe Arena de Estocolmo; también la realización se ha superado así misma dando un giro muy en la línea de las galas de los premios MTV. Incluso ha actuado “Sir Justin Timberlake”, quien tuvo un momento “mesías” con todos los concursantes rodeándole mientras les hablaba como si fuera Jesucristo impartiendo las bienaventuranzas. En definitiva, se trata del mayor espectáculo televisivo de nuestro continente y los más de cuarenta países que vienen siendo habituales en las últimas ediciones echan toda la carne en el asador para ofrecer lo mejor de lo mejor.

Esto implica una escrupulosa selección de sus candidatos, así como de sus canciones, y una ambiciosa escenografía en el momento de su actuación que no deja nada a la imaginación. La propia Jamala, ganadora de este año, indicaba a los medios españoles que no estaba muy de acuerdo con el método de preselección de nuestro país. Mientras que nosotros comenzamos la precampaña en febrero, otros países lo hacen en septiembre. En Suecia tienen el “Melodifestivalen”, un certamen que dura semanas y cuyas canciones van cobrando fama hasta copar los primeros puestos de “spotify”. Frente a este despliegue, nosotros tenemos la típica gala de una noche presentada por Anne Igartiburu con una selección de candidatos que en su última edición la media de edad no superaba los treinta y pocos. Eso cuando TVE no elige un artista a dedo, como le pasó con “El sueño de Morfeo” o Edurne.

Sin embargo, parecía que este año nuestra candidata y su canción prometían. De hecho, las casas de apuestas colocaron a Barei dentro del top 10 después de su promoción en diversas localizaciones de Europa antes del festival. Era la calma que precedía a la tormenta. Después de conocer la realización de su número tras su primer ensayo en Estocolmo, se desplomó hasta el puesto 17. El motivo: una escenografía pobre que no aprovechaba ni la décima parte del potencial del escenario de LED proporcionado por la televisión sueca; unas coristas que habían preparado una coreografía basada en el lenguaje de sordos que sencillamente no se apreció porque estaban en penumbras y apenas salían en plano, y una realización centrada en sacar planos cortos de Barei, en vez de lucir el conjunto artista-corista-escenario.

Aun con todo, ella estuvo imponente, respirando frescura y seguridad. Pero para un espectáculo de televisión en el que compites con veinticinco números, muchos de ellos más visuales que el tuyo, y en el que tienes el hándicap de darte a conocer en la última noche, cuando la mayoría han actuado ya en las semifinales, está claro que la actitud no es suficiente. Es una de las maldiciones de ser miembro de los Big Five, y si no, que se lo digan al francés Amir, que quedó sexto en la clasificación a pesar de que las redes sociales le daban por ganador desde hacía meses. Todo indica que si no llevas una canción potente, la puesta en escena cobra un papel importante de cara a destacar, y España no se caracteriza por proporcionar hits internacionales al festival.

Barei, afectada por el resultado

“El número pesa, no por mí, sino por vosotros”, decía una Barei visiblemente afectada después de conocer su posición en la clasificación y quien confesó estar desahogándose con la prensa mientras reconocía su responsabilidad “para bien y para mal” del resultado.

Tras las primeras críticas a su realización por parte de los medios especializados, salió a la luz que el montaje había sido llevado a cabo íntegramente por su novio y la propia Barei, los cuales, querían darle su toque personal. Pero ninguno posee el debido conocimiento televisivo.

La reacción llegó tarde. Los deberes deben quedar hechos antes de viajar a destino. En los meses previos al festival, los países deben enviar un storyboard a la televisión pública del país anfitrión donde quede reflejado con detalle lo que quieren de su realización. Por supuesto, las modificaciones deben ser presentadas con igual premura. Una vez allí, es imposible hacer cambios más allá de tocar la luz de un foco, pues con cuarenta países ensayando a la vez no hay tiempo para nada más.

“Estoy contenta porque he sentido la energía del público dentro del estadio. Me temo que esa energía no ha traspasado la pantalla, pero yo soy más de centrarme en mi conexión con el público durante mis directos que en montar un espectáculo visual. Tal vez por eso no debería estar aquí, sino en otro lado”, fueron las palabras con las que Barei explicó su apuesta ante los medios.

¿Debería plantearse Televisión Española dejar de participar?

Esta es una cuestión que surge todos los años: ¿merece la pena seguir asistiendo a un festival donde no se nos tiene en cuenta? La respuesta se encuentra en los índices de audiencia: rotundamente sí. Un estupendo 29,6% de cuota de pantalla en la maltrecha noche de los sábados para el ente público confirma que la población española sigue manteniendo interés por el festival, aunque sea para pasarlo mal viendo cómo somos ignorados en las votaciones. De hecho, las semifinales emitidas por la 2 superaron la media de la cadena con 600.000 espectadores aproximadamente.

Eso sí, los malos resultados de los últimos años han provocado que se alcen voces en contra de los responsables del festival en TVE: Federico Llano y Toñi Prieto. Varios usuarios en Twitter han pedido la dimisión de ambos bajo el hagstag #FedeyToñiFueraDeEurovision con el ánimo de dejar entrar savia nueva y ver si se puede dar un vuelco a nuestra situación dentro del certamen.

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Toñi Prieto y Federico Llano, máximos responsables de Eurovisión en TVE. Fuente:rtve.es

Por su parte, Federico Llano manifestaba ante los medios, minutos después del final de la gala de este año, que desde TVE tienen una propuesta para la UER para revisar el sistema de votaciones y evitar que sea tan partidista: “Este sistema va bien para el ganador y los primeros puestos del ranking, pero a partir del décimo empieza a pesar el vecinismo. Existe un grupo de trabajo dentro de la UER y vamos a discutir este tema para perfeccionar el sistema como venimos perfeccionándolo desde el año de Rosa”.

Un festival polémico

La polémica está servida como cada año, una vez proclamado el ganador. Aunque esta vez más que nunca, ya que días después de la victoria de Jamala, apareció un vídeo en la red social youtube donde la intérprete cantaba “1944” en directo en la plaza del Maidan en mayo de 2015. Esto, en teoría, incumplía las reglas del festival, el cual, exige canciones inéditas hasta meses antes a su celebración, esto es, octubre de 2015. Sin embargo, la UER ha defendido a su ganadora alegando que la canción no había sido publicada ni editada, y que el visionado del vídeo antes de conocerse sólo contaba con unos cientos de visitas, por lo que no había supuesto una ventaja competitiva respecto al resto de competidores.

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Jamala, recibida como una heroína en su país tras haber ganado el certamen de este año. Fuente: la Vanguardia.

Por su parte, Rusia amenaza con no asistir el año que viene, alegando que el festival se ha politizado. La crisis vivida con Ucrania por la península de Crimea no facilita las cosas. De hecho, la canción de Jamala es un himno de la causa ucraniana contra Rusia.

Lo que está claro es que una vez más se repite el patrón de Eurovisión. Vuelve a ganar la canción más original, más sorprendente, la que no deja indiferente a nadie para bien o para mal. Se repiten los comentarios sobre la influencia política de los países vecinos y la necesidad de tenerlos para recabar votos. Entonces, ¿qué pasa con Australia, la más aislada, y sin embargo, segunda? Se suceden las acusaciones contra TVE y la autocrítica fácil, alegando que nunca llevamos nada decente. Y finalmente nos encontramos los eurofans, conocedores del comportamiento del festival como fieles seguidores desde hace años, a los cuales, no nos sorprende nada y nos tomamos esta celebración como lo que es: un juego donde es muy difícil contentar a más de cuarenta nacionalidades distintas. Pero pase lo que pase, ahí seguiremos estando para disfrutarlo. Hasta el año que viene.

Un comentario en «Esto es Eurovisión… aunque nos pese»

  1. La selección interna no tiene por qué ser algo negativo o peor que grandes procesos de selección…ha sido el caso de Francia este año y un sexto puesto no está nada mal…ha sido nuestra mejor marca en lo que va de siglo…

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