El “siempre tan de moda” José Mota

El “siempre tan de moda” José Mota

El cómico manchego dio un repaso a lo más destacado del 2018 con su habitual estilo “entrelíneas”

Como se esperaba, José Mota fue el encargado del especial previo a las uvas en Televisión Española. Una noble labor que lleva ejerciendo de manera ininterrumpida desde el año 99 con Juan Muñoz (Cruz y Raya) y desde el 2007 en solitario. Bueno, salvo por el paréntesis entre 2012 y 2013 que le llevó a Telecinco (desde esa jugada, la audiencia de su programa no volvió a ser la misma). Pero el humorista manchego volvió a la que siempre había sido su casa por Navidad y desde entonces cada fin de año él y su equipo se proponen sacarle punta a toda la actualidad acontecida durante los 365 días anteriores a esta cita.

Algo difícil sobre todo con los tiempos que corren para el humor. Precisamente el acento se puso en los recientes casos de coartación de las libertades en medios de comunicación y redes sociales a todo aquel que lleve a cabo un chiste, parodia o broma que sea más audaz de lo que lo políticamente correcto tenga establecido o que hiera la hipersensibilidad de la que hace gala la sociedad actual. “Una guerra abierta entre políticos y humoristas”.

Pero Mota lleva toda la vida en esto y con su inconfundible estilo se mete con todo y con todos: imita a los principales políticos de este país y los deja como personajes de una obra de teatro costumbrista de Lina Morgan. Exprime todos sus latiguillos y, al igual que con el cochino –que tanto gustaba a su versión de la ministra de trabajo–, no desaprovecha el potencial de sus imitados en situaciones límite: Rajoy bailando el Kiki challenge; Rivera luchando con Tardá por el procés soberanista sobre un tatami; Sánchez perdiendo a sus ministros en “Ahora caigo”; Iglesias con el megáfono como negociador ante la ocupación ilegal de la Moncloa o Pablo Casado obligado a intercambiar su voz –homenaje cinéfilo a “Préstemela esta noche”, en la que Manolo Escobar intercambia su voz con la de un tenor– por una pollera de Lleida. Ah, no, que esa era Ada Colau. No en vano proclamó en uno de sus “retratos salvajes” que los políticos de este país estaban al servicio del pueblo para entretenerlo. Lo de gobernar era una tapadera. Y en base a esto, cualquier político susceptible de gobernar en España debía cumplir con un requisito indispensable: ser imitable. Sublime. Se atreve hasta con la Casa Real. Ha imitado a las dos generaciones: al rey emérito y al actual monarca, que no ha dudado en meter cuñas publicitarias en su discurso de navidad de este año porque todavía no se han aprobado los presupuestos. Y la genial maniobra de integrar el meme que comparaba su gran parecido físico con la ministra de sanidad, a la cual suplantó, fue el broche de oro a su ciclo político.

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Además de la controvertida –y siempre presente– política, también hubo un repaso a otros problemas que asolan a la sociedad española. Para empezar, la precariedad laboral, consecuencia del “pluriempleo real”. Cuando lo vi vestido de butanero, peluquero, afilador, cirujano y piloto me recordó al inolvidable hombre orquesta de Mary Poppins. Para continuar, asistimos a un retablo imaginario sobre cómo sería el mundo si la asimetría de genero favoreciera a la mujer. Se trata de un experimento que ya hemos podido ver en cortometrajes donde otros visionarios han querido hacer este ejercicio, pero sigue siendo una necesaria reflexión y, además, en horario de prime time. Y para terminar, otros temas actuales como el futuro de los coches diésel y de gasolina, que se vería finiquitado con la llegada del “coche empujao’”; el trapicheo de los másteres desde la perspectiva de Fariña; Eurovisión, y el omnipresente disco de Rosalía con su “malamente, tras, tras”, que aquí también se coló.

Eso sí, para poder disfrutar como es debido de toda esta genialidad es preferible ver el programa en silencio. Este formato dista mucho del entretenimiento ligero que permitía disfrutar a toda la familia reunida frente al televisor. Para no perder matices hay que huir de la algarabía de niños, cuñados y abuelos, porque el contenido es muy sutil y las mejores bromas no están en la superficie. Así que si puedes verlo con tranquilidad días después, mejor.

José Mota se ha convertido en un humorista ilustrado que busca producciones cuidadas y proporciona un producto más sofisticado. Aunque se agradece ese punto introspectivo con Millán Salcedo vestido de Fátima Báñez aludiendo a las onomatopeyas clásicas de Martes y Trece y lanzando un “viva a la Mancha que los parió”. ¡Pues claro que sí! ¡Viva la Mancha que los parió a ellos y viva todo aquel capaz de parir humor!

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