Tres frases de Los Simpson que solo entiendes al hacerte mayor

Tres frases de Los Simpson que solo entiendes al hacerte mayor

La celebérrima comedia estadounidense es un filón de bromas y chistes que durante décadas han hecho las delicias de grandes y pequeños, pero “la chicha” se encuentra en las pequeñas lecciones de vida que de vez en cuando podemos encontrar en la ficción creada por Matt Groening. En esta ocasión rescatamos tres momentos que tienen que ver mucho con la adultez y sólo se alcanza su verdadera dimensión cuando se pasa por ellas:

“ Yo no veo lágrimas en sus ojos”

En el capítulo “El blues de la Mona Lisa”, la pitagorina de la familia cae presa de una profunda depresión con apenas ocho años de edad. Es tal el pesar que embarga a Lisa que incluso le impide hacer vida normal en el colegio, como por ejemplo, jugar a balón prisionero. Por eso recibe una nota para sus padres en la que se les informa del asunto. Un atónito Homer es el que suelta esta frase, evidenciando que, a su modo de ver, la ausencia de lágrimas implica que no le pasa nada. Pero Lisa se encuentra bajo una crisis más profunda: “Simplemente no le encuentro sentido a nada. Decidme, ¿habría cambiado algo el que yo nunca hubiera existido? ¿Cómo podemos dormir por la noche cuando hay tanto sufrimiento en el mundo?” Ante semejante revelación, Homer intenta calmar ese llano interior haciéndola cabalgar sobre sus rodillas al ritmo de “aserrín, aserrán, las campanas de San Juan”. Al fin y al cabo, Lisa no es más que una niña. No es normal que tenga esas preocupaciones.

Sin embargo este pesimismo nos puede resultar muy familiar en etapas posteriores del crecimiento, como la adolescencia, o incluso los inicios de la edad adulta. Sin ir más lejos, en estos tiempos de desahucios y rapiña laboral, de calentamiento global y guerras multirraciales, ¿quién no se ha sentido alguna vez tocado por la desesperanza? Lisa ya lo vaticinó en su respuesta a Don Largo, su profesor de música, cuando este le reprende por tocar un blues en clase: “Pero, señor Largo, esto es lo que es mi patria en el fondo: esas pobres familias que viven en el coche porque no tienen hogar, ese granjero de Iowa cuyas tierras le arrebató la insensible burocracia…”

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Lisa Simpson vs “Don Largo”. Fuente: youtube.

“¿Qué dices? ¡Nos pagan por jorobarnos!”

En otro capítulo mítico de la serie, Homer tiene un nuevo compañero de trabajo, Frank Grimes. El pobre es un muchacho hecho a sí mismo que no entiende cómo después de una vida de sacrificio y trabajo no le queda nada para demostrarlo, y en cambio Homer, con su trayectoria de escaqueo profesional, tiene una casa, dos coches y una familia estupenda. En una de las visitas de Homer al despacho de “Grimito” –como le llama cariñosamente–, este le pregunta si no debería encontrarse en su sitio trabajando porque para eso les pagan. A lo que el gran Homer responde con un genial “¿qué dices? ¡nos pagan por jorobarnos!”. Cualquiera que haya sufrido los desajustes de una mala organización en el trabajo por parte de sus superiores, o de la lucha entre departamentos dentro de una misma empresa –que las hay– estará completamente de acuerdo con esta afirmación. Encargos imprevistos que te obligan a quedarte hasta última hora en tu puesto, viajes en días festivos, trabajar el fin de semana y, en definitiva, el sentimiento de peón a manos de la patronal conforman la realidad de lo que quiere reflejar esta cita. Y apuesto a que más de uno se sentirá identificado.

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Homer en una de sus desquiciantes visitas a “Grimito”. Fuente: youtube.

Está usted aquí para siempre”

Con esta frase de venganza recibe el señor Burns a Homer cuando este vuelve a pedirle trabajo después de haber renunciado anteriormente a su puesto y haberle ridiculizado delante de todos los compañeros de la central nuclear. Para grabársela a fuego, ordena instalar una placa desmotivante con la frase para que Homer la vea todos los días desde su sitio y aplacar de esta forma las pocas ganas de rebeldía que le queden. Nuestro protagonista se encuentra hundido porque después de probar el trabajo de sus sueños –en la bolera del tío de Barney– tiene que volver a trabajar en algo que detesta para poder mantener también a Maggie, su imprevista tercera hija. ¿Cuántos de nosotros nos encontramos en esta situación, ya sea porque tenemos una hipoteca, una familia que mantener o simplemente porque no se nos deja trabajar de lo que nos gustaría? Sin embargo, Homer decide transformar ese cartel nefasto que le han impuesto con las fotografías de su niña, el motivo por el que lucha contra el sinsabor del día a día. El resultado final es: “Hazlo por ella”. Y de ahí es de donde consigue sacar fuerzas. Como muchos adultos en el mundo que comprenden lo que es viajar muy lejos de sus hogares, o resistir el tedio y la avalancha de papeles en un trabajo que no les reporta ningún beneficio moral salvo por el sueldo. Pero esto es la vida y, lamentablemente, son muy pocos los afortunados que afirman disfrutar con su trabajo. Y como Homer, hay que saber reconocer el sentido práctico y enfocarse en la meta final, como puede ser el bienestar de nuestros seres queridos e incluso el propio.

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La placa desmotivante antes y después del apaño de Homer. Fuente: youtube.

Un comentario en «Tres frases de Los Simpson que solo entiendes al hacerte mayor»

  1. Deliciosa lectura y hermoso trío de reflexiones. Nadie como tú para analizar la que, a mi juicio, es la serie con mayor carga de profundidad de la historia de la televisión, llena de guiños, matices, sabiduría; de vida, en definitiva.

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