Nunca me han gustado las personas que les dicen a los demás lo que tienen que hacer o lo que no. No importa la razón que enarbolen o la justificación tras la que se escuden. Son unos “cortarollos” y punto. Y lamentablemente percibo mucho más esta actitud dentro que fuera de nuestras fronteras. Más de lo que me gustaría admitir.
Me viene a la mente la película “Minority Report”, en la que la policía impedía los crímenes antes de que se cometieran y los detenidos se quejaban de haber sido condenados por actos que no habían llegado a perpetrar. Pues las mentes cerradas y sobreprotectoras son a la inspiración lo que esta película al delito: nunca conoceremos la genialidad que puede salir del trabajo libre de una persona si le cortamos las alas antes siquiera de despegar.
¿Qué habría sido de visionarios como Steve Jobs o George Lucas –los elegí por si no se había hablado suficientemente de ambos :)- en un entorno tan represivo como el que tenemos en España? Porque aunque en sus comienzos sus trabajos fueron juzgados al milímetro, al menos en sus lugares de origen encontraron esa mano amiga que hizo posible que cambiaran el mundo. Pero me temo que aquí no se les habría excarcelado de la categoría de excéntricos. ¡Qué manera de espantar a la musa!
Por suerte, la musa de muchos creadores patrios es a prueba de bombas, y, como una cuñada pesada que ha encallado en el sofá y no sabe cuándo irse, resisten contra viento y marea el bombardeo de la lógica y las advertencias arrojadizas, ya no de jefes y educadores, sino de su propio entorno familiar. Como le pasó a Francisco Ibáñez, que abandonó sus estudios de banca para crear el cómic español más famoso de la modernidad, Mortadelo y Filemón, desoyendo las indicaciones de su padre. Y eso es lo más duro cuando surcas los mares de la duda en busca de tu realización personal. Tu embarcación se verá constantemente zarandeada por opiniones que vendrán de oriente y poniente procedentes de amigos, familiares, y el peor de los tifones en caso de que sople en contra: el consejo de tus padres. Sólo la brújula que apunta a tu vocación o a tu talento natural te guiará a buen puerto. De uno mismo –y de nadie más- depende enderezar el timón y coger el impulso de las críticas como viento que despliega las velas de tu nave para que llegue sana y segura a destino. Habrá zozobras, pero siempre he dicho que prefiero contarles a mis nietos la historia de mi vida como si fuera “la tormenta perfecta” y no como el crucero de “Vacaciones en el mar” esperando a que me lo den todo servido en bandeja.
Por eso admiro a todos aquellos que llegado un punto dicen “¡hasta aquí!” –suele ocurrir así, cuando te rompes; no hay mejor catalizador- y deciden coger las riendas de su día a día para mejorarlo o dar un volantazo y cambiarlo radicalmente. Éstos últimos son mis favoritos.
La capacidad de reinvención es algo que requiere valor porque supone asumir una dimensión de ti que no conocías y que te está llamando. Aunque a veces no está en tu mano decidir si aceptar o no esa llamada porque suele ocurrir que los de tu alrededor, en otro tiempo tus aliados, te dan la espalda y te expulsan del paraíso que tú mismo construiste. Mónica Naranjo encontró en la televisión una segunda escuela donde seguir creciendo como profesional, en lo que se curaba las heridas que le había causado la traición de las discográficas.
Y luego están personas como Lady Gaga, condenadas a conocer el éxito y el abandono a partes iguales –porque así somos de ingratos los seres humanos-, que en sus horas bajas en la música (comercialmente hablando porque no ha parado de lanzar nuevos trabajos) aprovecha para hacer un pequeño papel en la serie de su amigo Ryan Murphy y… mira tú por donde, le es reconocida su labor con nada menos que un globo de oro. Y con cara de circunstancias y la emoción de saberse reconocida también en esta faceta artística, la vimos abriéndose camino a codazos entre desorientada y aturdida – y no como nos han querido hacer creer, en contra de DiCaprio– por un pasillo lleno de obstáculos hasta alcanzar la estatuilla con la que a más de uno le metió el dedo en el ojo e hizo ver que volvería más fuerte que nunca. Porque los soñadores incansables que buscan su sitio en este mundo de locos están legitimados a renacer siempre bajo una nueva forma: un trabajo, una canción, una web…

Bravo, muy buena reflexión. Sin duda, la mejor forma de realizarte, de forjarte y de crecer como persona en el mundo de hoy es con duro esfuerzo y yendo contra viento y marea. No obstante, creo que no todo el mundo está preparado para esa “reinvención” de la que hablas. Hay gente que por ser como es, por una herencia arrastrada desde su misma infancia y por la forma en que le han educado o ha crecido, esa lucha por sus convicciones y sus ideales le cuesta el doble y hasta el triple que alguien seguro de sí mismo y con fuerza de voluntad. Pero en efecto, ese es el camino de hoy en día para quien no ha tenido la fortuna de tener la vida resuelta, en lo que a triunfo, dinero y trabajo se refiere especialmente. En cualquier caso, hay que mirarse al espejo y saber que lo que estás viendo tiene futuro y que escoger el camino más difícil, pero el que tú sabes que “es” el camino, lo supone todo. Como en el caso de Lady Gaga que cuentas o como en muchos otros que conocemos en nuestras propias vidas. Insistencia, ser infatigable, golpear repetidamente la puerta con un mazo hasta que ésta ceda… no hay otra. Si al final no hay suerte o el mazo se parte en dos, al menos que puedas mirarte al espejo y no tener que agachar la cabeza.
Pues sí, Isaac. Me quedo con tu reflexión final: moriremos por nuestras convicciones pero sin agachar la cabeza. Ánimo y gracias por escribir.